Mente

Un clavo sí saca a otro clavo.

“El  texto de esta frase tiene mucho de cierto. Lo que hemos mal interpretado es el subtexto. El otro clavo no tiene que ser precisamente otra persona

Nuestra jerga popular tiene acuñado un sinnúmero de frases que representan nuestros sentimientos, decisiones y vivencias cotidianas.  Sin embargo, me atrevo a decir que «un clavo saca a otro clavo» es de las más emblemáticas.

Todos, absolutamente todos hemos sufrido una decepción amorosa. A algunos de buenas les tocó vivir esa experiencia en el jardín infantil o la escuela, donde «el profe» o «la maestra» era muy grande y no pasaba de ser un sueño, o simplemente algunos eran un «Cirilo», al que le gustaba la monita del salón que no le daba ni la hora.

Estos «traumas» eran fácilmente superados y por lo general no había corazón roto que un bombón o un regalo nuevo no pudieran reparar.Con el pasar de los años el tema se complica un poco, pues nos enamoramos cuando ya hay conciencia, maldad y alevosía en el ambiente. 

Nos involucramos en una relación buscando ese trozo de felicidad que por honor nos corresponde a cada uno, ese pedacito de cielo que el Señor ha reservado para que probemos su infinita gloria.

Después de tanta belleza, sanidad, gritos de alegría, ridiculez extrema y amor desenfrenado, de la nada y como un tsunami, llega ese día en que todo se nubla, el corazón se parte, el alma se enluta, la relación se acaba y solo queda enterrado, atascado, clavado en el pecho ese recuerdo que no nos deja avanzar, que nos deshidrata, que nos consume hasta los huesos.

En ese momento, donde todo sabe a dolor, donde ya ni comer es un placer, el más filósofo de nuestros amigos nos lanza la enigmática pero alentadora frase, que puede sentirse como una simple palmadita en el hombro o como un desfibrilador: «No te preocupes que un clavo saca otro clavo».

Con el tiempo se aprende que el texto de esta frase tiene mucho de cierto. Lo que hemos mal interpretado es el subtexto. El otro clavo no tiene que ser precisamente otra persona; una versión amorfa, bruscamente armada de todo lo que hemos perdido.

Nos hemos enfocado en salir presurosamente a buscar nuevos «clavos» sin pensar que estos pueden estar oxidados, descabezados o en el peor de los casos se parten al primer martillazo y terminamos con un hueco más grande y profundo; Con dos clavos incrustados que hasta en «el taller del Maestro» resulta una tarea que necesita de mucha herramienta para reparar el daño y pulir las estrías que quedan grabadas.

No nos detenemos a pensar que el clavo que saque al otro pueden ser esas pasiones, esos sueños que nos movilizan a diario.

El éxtasis de un beso puede ser sustituido por un deporte extremo que nos avive el alma, una cogida de manos por el contacto con las páginas de ese libro que siempre quisimos leer, las caricias en la piel por el viento de tierras lejanas que jamás pensamos conocer, el baile de los cuerpos por la articulación de las palabras en los poemas o artículos que siempre quisimos escribir y las palabras de amor y lujuria por una voz tierna que nos dice mamá o papá.

No se trata de olvidar, cuando se ha querido de verdad, con el tiempo recordar no duele. Tampoco de sonreír hipócritamente, ni de crear espejismos; sencillamente estos «clavos» son altamente efectivos porque no solo alimentan el cuerpo de vibraciones, sino que dignifican el alma, avivan el espíritu, generan creencia y voluntad para entender que somos más que madera y cemento, que hay algo más para intentar, algo más para conocer, que hay algo más en que creer.

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Ame lo que hace

10 preguntas para saber si amas lo que haces.

La gente que ama lo que hace, que sus decisiones y acciones no están regidas por la obligación o por un profundo miedo a la pérdida, sencillamente está destinada al éxito. Muchos que se esfuerzan y trabajan arduamente ligados al deber, a la frustración, a la falta de determinación o la arrogancia, ciertamente podrán tener logros: un trabajo, una pareja, una familia, pero seguramente no será el mejor trabajo, la mejor pareja o la mejor familia.

El tiempo que tenemos para transitar por este mundo es realmente limitado. Entonces por qué vivir subordinados a la voz apabullante de lo que irreflexivamente hacen las masas, cuando deberíamos emprender viajes -la mayoría dentro de nosotros mismos- que nos permitan vivir en auténtica gracia, sin tanto dramatismo que termina por dejarnos agotados  y frustrados. Realmente necesitamos llegar al final de nuestra vida para entender esto que nos es tan natural en la infancia, y desarrollar el suficiente coraje para seguir nuestra intuición y liberarnos de los millones de conceptos sobre lo que es correcto y lo que no es correcto. La tarea más difícil es empezar por enfrentarnos a nuestro más acérrimo enemigo: nosotros. Y cuestionarnos a cerca de que si lo que estamos haciendo en todas las áreas de nuestra vida, sería lo que desearíamos estar haciendo si nos dijeran que este es nuestro último día.

Los siguientes interrogantes son un minúsculo ejemplo de eso que deberíamos preguntarnos a fin de tener una idea sobre dónde estamos, con relación a donde queremos estar – es ideal hacerlo  frente a un espejo-.

  • ¿Qué soñaba en mi niñez?
  • ¿Qué hace que se marque una auténtica sonrisa en mi cara?
  • ¿Qué situaciones, cosas o lugares me hacían, hacen o me harían sentir en total tranquilidad, paz y reposo?
  • ¿Qué cosas hago sin miedo a fracasar?
  • ¿Qué cosas puede hacer sin que me obliguen o que sea un simple deber?
  • ¿Qué cosa haría sin cobrar un solo peso?
  • ¿Qué personas me hacen sentir confiada/o, o determinada/o?
  • ¿En todas las áreas de mi vida estoy siendo realmente leal a mis sentimientos y convicciones?
  • ¿Qué tan a menudo siento envidia (sea de la mala o de la “otra”) por la vida que viven las demás personas?
  • ¿Si hoy fuera el último día de mi vida, que estaría haciendo?

Ciertamente, esto es solo un bosquejo, cada quien deberá irle añadiendo preguntas de acuerdo con los demonios que cada uno sabe que tiene. Cuando se tiene un grado de inconformidad acompañado de un placentero estado de conformismo mueren todas las fuerzas de gestión y desarrollo de habilidades; aunque nos estemos destruyendo; generar cambios reales no es una tarea sencilla: Cuando se tiene para la “papita”, aventurarse a buscar para el salmón parece inútil e innecesario. Pero tal vez sea lo único importante que hagamos a lo largo de nuestra vida y de ese evento “suicida” podría depender el éxito o fracaso de nuestra existencia.